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MONÓLOGO: NUNCA TE DEJAN DISFRUTAR DE TUS HOSTIAS


NUNCA TE DEJAN DISFRUTAR DE TUS HOSTIAS.


Nunca te dejan disfrutar de tus hostias.... Dicho así suena feo pero es la verdad,  bien porque te des una hostia y tengas que disimular que no te duele, aún estando cagándote en todo lo cagable, para salvar la situación, o bien porque te das tal hostia que no se puede ni disimular que no te duele, y siempre hay alguien cerca que te dice eso de: mira que te lo decía, que te vas a dar y tú, ni caso hasta que te has dado.... Y en ese momento, jodida pero bien jodida, de lo último que tienes ganas es de aguantar al brasas de turno que te echa en cara tus errores, en ese preciso instante, en el cual estas padeciendo todas sus consecuencias en su máximo esplendor.

Todos en algún momento hemos sufrido una hostia de esas que ni la gente de alrededor se ríe, ni tú puedes disimular que no pasó nada. Porque es así, como te des una hostia,  digamos irrelevante, o disimulas que no te duele o prepárate para aguantar risas por los siglos de los siglos. Pero cuando te das una hostia de las que asustan, justo en ese momento en el que no quieres que nade venga a perturbar tu dolor, surgen dos figuras recurrentes. El que se preocupa por ti, digamos,  a su manera, mientras te reprocha doscientas veces lo mucho que te ha dicho que no hicieras eso por lo que pudiera pasar, y el poco caso que le has hecho, y aquel que se preocupa de tal forma por ti que no es capaz de saber que hacer, hasta tal punto que es capaz de pretender curarte un golpe en la cabeza dándote de comer dátiles, como a los monos,  justo en ese momento en el que lo único que quieres es que te dejen en paz, disfrutando de tu hostia y si es posible que alguien llame a una ambulancia para que te cure la herida.

Vamos a ver,  todo sea dicho,  no le vamos a echar toda la culpa de nuestra hostia y de no disfrutarla como Dios manda a esas dos figuras recurrentes,  cuando todos sabemos que tú te has pasado jugando con la suerte, y "moneando", todo sea dicho, mucho tiempo como para hacer méritos para darte la hostia que te has dado, que todos sabemos que muchas de esas hostias las podíamos haber evitado si hubiéramos hecho caso a esa voz que te decía: Un día te la vas a pagar,  esa voz, que puede ser interna o externa,  es decir,  tu sentido común, o el de tu amigo o hermano que te lo aviso doscientas veces. Pero qué le vamos a hacer,  el ser humano aprende por las consecuencias y por mucho que se lo digan tiene que probar, aunque se dé una buena hostia para asegurarse que eso es así. 

En fin,  cuando nos damos una hostia deberíamos recordar a la gente de nuestro alrededor que nuestra hostia es nuestra,  porque es fruto de nuestro aprendizaje.... Bueno y de nuestra inconsciencia... Todo sea dicho… Que no necesitamos a nadie que nos diga: te lo advertí,  porque nuestra hostia ya nos lo está advirtiendo, y que si quieren ayudar que llamen a un médico en lo que nosotros disfrutamos de la hostia, y nos damos cuenta de qué forma más tonta nos la hemos dado, a la vez que empezamos a planear como hacer “el indio” para darnos la siguiente, mientras nos estamos haciendo las dos grandes preguntas que realmente nos preocupan.... Aunque no lo queremos reconocer.... ¿Me quedará cicatriz? Y ¿cuánto tiempo me van a estar recordando la hostia?

P.D.: Si te gusta la lectura puedes leernos también en: http://www.puntorojolibros.com/todas/Ironias-de-la-vida.htm

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