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MONÓLOGO: ¡¡¡HAY WIFI!!!


¡¡¡HAY WIFI!!!

Imaginaos por un momento que estáis en una especie de paraíso,  tomando uno de los mejores cafés del mundo, con un grupo de amigas que hace tiempo no ves,  nada puede romper ese momento idílico... Bueno, nada menos un cartel que ponga “Hay WiFi”,  en ese momento mandamos a hacer puñetas el paraíso,  el café,  las amistades y todo aquello que se interponga entre tu móvil y tú, para coger a este cómo si no hubiese un mañana y ponerte a revisar cuanta red social que tengas, para ver que está pasando,  aunque te importe poco, y al mismo tiempo puedas alardear en ellas del lugar en el que estás, para fastidio del personal,  aunque no lo estés disfrutando por estar enganchada al móvil como si no hubiera un mañana.

El incorporar al móvil ese fantástico mundo de internet y redes sociales hace que tengas cerca a esa gente que tienes lejos, y en determinados momentos, te aleja de quienes tienes al lado,  sobretodo en esos momentos en los que miras un grupo de gente y están todos sentados en la misma mesa sin hablar,  cada uno con su teléfono, y probablemente cuando se vayan empezaran a enviarse mensajes entre ellos.... Esos mismos mensajes que no se dijeron cara a cara cuando estaban al lado por estar hablando con alguien que estaba lejos.

 Cuando vemos que hay WiFi, o cualquier otra forma de conexión a un aparato electrónico, que nos permite evadirnos de la realidad que estamos viviendo y llevarnos a otra realidad, ¡allá que nos conectamos!,  para contar lo que estamos viviendo y matar de envidia a todo el que se cruce en nuestra red social,  o para preguntarle a tu amiga que está a 12.000 km, y que ves a diario cuando no estás de viaje, que tal le ha salido el pastel de calabaza. Y sinceramente, entiendo más este tipo de actuación en alguien que lo hace para dar envidia y joder,  algo muy típico del ser humano,  que la que pregunta, en esa situación por el pastel de calabaza,  que cuando vuelvas de viaje y le cuentes tu viaje a tu amiga,  te lo va a preparar para acompañar el café mientras le cuentas lo que has vivido... Ese mismo café que será interrumpido porque tendrás la necesidad de escribir en las redes sociales a esas personas que antes estaban al lado y ahora tienes lejos, porque en su momento no le dijiste lo que tenías que decir. Todo esto es un problema de tiempos, de evasión de la realidad y de no apreciar lo que se tiene en el momento que se tiene, tres de los grandes y típicos errores del ser humano.

Problema de tiempos... O más bien diría yo de destiempo,  porque cuando tenemos tiempo para algo,  no es el momento y cuando es el momento, el tiempo que tenemos lo tenemos que destinar para otra cosa... Y cuando ese tiempo lo tienes que compartir con otra persona la cosa se complica,  cuando tú puedes el otro no,  cuando el otro puede el uno no puede... Y así se puede demorar años y años hasta lograr coincidir... Y ya no digo en persona sino por teléfono o por redes sociales... ¡¡¡Cómo nos vamos a poner de acuerdo con el mundo si no nos ponemos de acuerdo con nosotros mismos!!!

El mecanismo de evasión a través de redes sociales lo utilizamos a diario para escapar de nuestra realidad o nuestra rutina, como lo queráis mirar. Pero, en ocasiones, también entra en acción empujado por la costumbre y la adicción, cuando estamos disfrutando de unas magníficas vacaciones y también nos hace evadirnos de eso sin saber muy bien por qué.  Quizás, porque en ocasiones esa realidad paralela que nos creamos nos resulta más fácil de afrontar que el día a día, o que incluso unas vacaciones. Porque en la vida real somos lo que somos, o intentamos aparentar lo que queremos ser, pero en las redes sociales somos quienes queremos ser y muchos tabús que tenemos en la vida diaria los rompemos en las redes sociales, para disfrutar de nuestra personalidad con sus cosas buenas y malas, al cien por cien, y ese mundo paralelo en el que nos resulta más fácil hacer determinados que tipo de cosas, causa adicción.

El tercer problema es el de no apreciar lo que se tiene, pero este poco tiene que explicar cuando todos en algún momento de nuestras vidas lo hemos padecido. Cuando tenemos al lado a alguien con quien conversar, preferimos hablar con otra persona por el teléfono móvil y cuando tenemos al lado a otra persona distinta con la que conversar, escribimos un mensaje a la persona anterior del tipo: “ojalá estuvieras aquí tengo tanto que contarte”.... Y nos quedamos tan a gusto. Aunque muchas veces no sé si no decimos las cosas a las personas que tenemos cerca por dejadez y por estar pendientes de otras cosas, menos relevantes en ese momento, o porque determinadas qué cosas son más fáciles de decir por redes sociales y “chat” privados que cara a cara.

En fin, dicho esto, que nunca un teléfono os robe un momento,  que cada cosa a su tiempo está muy bien.  Quizás, debamos también aprender a escuchar los tiempos del resto del mundo y no sólo los nuestros, para de esa forma saber apreciar lo que tienes en ese instante y no lamentarte a posteriori con un mensaje de: ¡Ojalá estuvieras aquí!, el no haber disfrutado de esa compañía en el momento que la tenias al lado.

P.D.: Si te gusta la lectura puedes leernos también en: http://www.puntorojolibros.com/todas/Ironias-de-la-vida.htm

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